Estigma de la enfermedad mental.

Aquí os dejo un comentario que me ha parecido bastante interesante, habla sobre las personas con enfermedad mental  y el estigma que se ha creado de ellas.

Pienso que dentro de las especialidades en medicina la psiquiatría es una de las menos avanzadas por la complejidad de nuestro cerebro, y por eso a veces no se encuentran tratamientos apropiados, además estos pacientes tienen ciertos problemas para tomar la medicación por lo que pasan por fases de descompensación, en la que puede aparecer descontrol, y cierto riesgo de agresividad, pero eso no es excusa para que los medios de comunicación usen unos titulares tan morbosos para llamar la atención del público ya que tanto los enfermos como sus familias pasan por un calvario y se sienten solos debido además de las complicaciones propias de estas enfermedades a la mala imagen que se tiene de ellos en la sociedad.

Este estigma puede llegar incluso hasta los profesionales que trabajan con este tipo de personas, se ve como un peligro para el profesional estar en contacto con este tipo de enfermos. También en algunos casos se les tiende a culpar de su enfermedad, lo que no ocurre con otras enfermedades ya sea por haber estudiado demasiado, haber tomado drogas, etc.

Esta mala fama hace que se quiera ocultar la enfermedad por parte de la familia y el propio paciente.

Las personas con algún tipo de enfermedad mental, NO SON MAS VIOLENTAS  si están tratadas correctamente, ahora sí,  las personas con una enfermedad mental no diagnosticada, no tratadas, que dejan el tratamiento y además ,toman drogas, alcohol, se destabilizan y si pueden ser más violentas que la media.

El estigma es más soportable si entre todos lo empujamos.

Sara Luna, 1º IS

Estigma de la enfermedad mental.

Como en el mito de Sísifo, las personas con enfermedad mental, sus familiares, los profesionales socio sanitarios y todas las personas implicadas en la salud mental empujamos cuesta arriba una pesada piedra, la del estigma y la discriminación que padecen estas personas desde buena parte de la sociedad. Tan pesada que está reconocida como una “segunda enfermedad” y como principal obstáculo para la recuperación. Pese a los progresos realizados en los últimos años en la concienciación social de este problema y en corregir falsas creencias, en ocasiones algún suceso puntual magnificado por medios de comunicación deshace nuestro trabajo, la piedra escapa de nuestras manos rodando con fuerza cuesta abajo y nos obliga a empezar de nuevo.

Hace unos días, un incidente en un unidad de hospitalización de Málaga en la que un interno ha agredido a otro ha sido utilizado por algún medio de comunicación para seguir extendiendo ideas erróneas sobre la enfermedad mental grave y perpetuando así el estigma. En concreto, una de las noticias, titulada “Un psicótico le arranca los ojos a otro enfermo en el Clínico”, estaba impregnada de la atmósfera de las películas de terror. Una tentación fácil a la hora de visualizar la enfermedad mental: dolor, sufrimiento, violencia, crimen, asesinato… Utilizar el morbo de estos titulares para llamar la atención del público supone una falta de ética profesional, responsabilidad, y agresión a los derechos de imagen del colectivo, que además están protegidos por una normativa al más alto nivel, y por tanto podrían ser objeto de denuncia legal.

La evidencia científica nos dice que las personas con trastornos mentales graves no son más violentas que las demás. Al contrario, suelen ser víctimas y no agresoras. Su enfermedad las convierte en objeto de desprecio, burla y violencia, una situación que no se da en otras patologías.

También hay que decir que otros medios han realizado el tratamiento correcto y esperado de profesionales informados y conscientes de la delicada situación que vivimos respecto a la imagen de la enfermedad mental: que un grupo de enfermedades que pueden afectar a una de cada cuatro personas a lo largo de su vida, lo que en la práctica afectaría a todas las familias, siga envuelta en un manto de ignorancia, prejuicios, miedo y desprecio.

Noticias con un tratamiento sensacionalista y basadas en justificar hechos violentos usando la enfermedad mental como detonante provocan un daño irreparable a personas, familiares y profesionales que día a día luchan contra el estigma al que les somete la sociedad y que relega su sufrimiento a un segundo plano. Tengan en cuenta que la información que recibe la sociedad sobre la enfermedad mental proviene casi exclusivamente de los medios de comunicación. Si se distorsiona de forma negativa, se ataca directamente a la propia concepción de la enfermedad que tienen las personas que la padecen, influyendo negativamente en su autoestima, la aceptación de la enfermedad o la posibilidad de buscar ayuda profesional. Y por supuesto, también les afecta, indirectamente, al reforzar las concepciones negativas que de la enfermedad mental tiene la sociedad.

Por todo ello, decimos Basta Ya de acercarse a la enfermedad mental con las ideas preconcebidas que han estigmatizado durante siglos a las personas con esas patologías y a sus familias. Pedimos que los medios de comunicación y de entretenimiento sean responsables y en todo caso se informen e informen sobre salud mental en los términos justos y objetivos: de la necesidad de la promoción de la salud mental de las personas como parte indivisible de su salud y bienestar y de los avances en el tratamiento y recuperación de las enfermedades mentales, que pueden afectar a cualquier persona. La pesada piedra del estigma de la enfermedad mental puede aplastarnos de forma individual, pero si la manejamos entre todos puede hacerse tan llevadera hasta que ni la percibamos y desaparezca.

La población ve a los individuos portadores de alguna enfermedad mental como agresivos y peligrosos (hablando de pacientes con esquizofrenia u otros padecimientos psicóticos), débiles e irresponsables (hablando de pacientes deprimidos), viciosos u obstinados (hablando de pacientes con trastornos adictivos). La población tiende a considerar como deplorables estas conductas, debido a la incomprensión y desinformación de la sociedad respecto a estos padecimientos.

En 1999, Bruce Link y Jo Phelan publican un estudio según el cual a los hombres se les estigmatiza más que a las mujeres, y entre estratos sociales más bajos hay mayores posibilidades de que el enfermo sea excluido de la comunidad.

 

JOSÉ MANUEL ARÉVALO LÓPEZ 

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