SEGUIMOS LAMENTÁNDONOS…

Esta semana psada se han desarrollado numerosos actos contra la violencia de género. Revisando las noticias una alumna se encontró un titular que le llamó la atención y sobre el que hizo la siguiente reflexión.

“Andalucía registra cada día 76 denuncias por violencia machista.Un tercio de las víctimas de agresiones de género tiene menos de 30 años.Más de un 12% de las víctimas renuncia al proceso judicial.”
( EL PAÍS Sevilla 20 NOV 2012 )

Según esta noticia se están aumentando las medidas para prevenir y erradicar la violencia de género. Se dieron muchas más ayudas en el año 2011 que en el año 2010.

Se reinsertó laboralmente a un gran número de mujeres, se les dio ayuda económica y protección.Pero aun con todas estas medidas el número de casos de violencia de género sigue aumentando, y las víctimas siguen rehusando a denunciar a sus parejas o se niegan a participar en procesos judiciales. Con estos datos habría que plantearse otra forma de solucionar este problema.

Es normal que las víctimas no quieran denunciar a sus maltratadores si a los 6 meses van a estar en la calle de nuevo, o incluso ni siquiera lleguen a entrar. Las órdenes de alejamiento que no se vigilan y las mujeres a las que solo se les escucha cuando sufren verdaderas barbaridades hace que estas mujeres tengan miedo a sufrir peores agresiones cuando luchan por sus derechos que cuando se someten a sus parejas con la esperanza de que se cansen algún día o por fin acaben con su sufrimiento.

Para evitar estas cosas pienso que más que prevención en centros escolares y reinserción laboral para estas mujeres debería de haber unas medidas mucho más duras para los maltratadores. No darles la oportunidad de volver a actuar otra vez y tenerles encerrados en sus casas con miedo a ellos en vez de a las víctimas. Es muy duro pensar que una mujer que ha sido maltratada durante años tenga que vivir con constante miedo de salir de su casa o incluso estando en ella porque su maltratador esta tan libremente en la calle sin ningún cargo de conciencia, y aún así tengan que pensar que son afortunadas de seguir vivas.

Además es preocupante que cada vez más menores sufran estos abusos, con lo que me reafirmo en mi idea de además de prevenir lo que se debería hacer es castigar duramente, para que estas personas se lo piensen dos veces antes de hacer daño a nadie.

Como conclusión cabe destacar la labor de nuestro gobierno por acabar con esta violencia mediante programas de ayuda y sensibilización, pero pienso que sería más útil castigar que enseñar, pues estas personas, si se les puede llamar así, no tienen ninguna capacidad de razonamiento si son capaces de hacer semejantes barbaridades a las personas que se supone que aman.

María Rivero

Imagen

Anuncios